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Caballito fue aquella tarde una caja de resonancia. Allí, donde el fútbol todavía vestía pantalones cortos de historia, Alumni y Peñarol se encontraron para dirimir una final rioplatense que tuvo emoción, roce y ese perfume de aventura que acompañaba a los grandes partidos de comienzos del siglo XX.

Peñarol pegó primero. A los 8 minutos, Agustín Manito aprovechó la velocidad de su ataque y puso el 1 a 0. Pero Alumni no se quedó mirando el marcador. Apenas cinco minutos después, Alfredo Brown apareció para devolverle el alma al equipo argentino.

El partido siguió siendo intenso. El conjunto uruguayo combinaba con rapidez y exigía, mientras Alumni respondía con oficio y la jerarquía de sus hombres. A los 54, nuevamente Alfredo Brown encontró el camino del gol y dio vuelta la historia.

Hubo, además, una de esas escenas que hoy parecen imposibles: Ernesto Brown debió abandonar el campo por una descompostura y Alumni afrontó un tramo del encuentro con un hombre menos.

Pero la tarde todavía guardaba otra firma. A los 81 minutos, Eliseo Brown selló el 3 a 1 y desató la celebración. Alumni era campeón de la Copa Competencia.

Y así quedó aquella tarde del 29 de septiembre: con Alfredo por dos, Eliseo por uno, y el viejo Alumni, de los hermanos Brown, escribiendo otra página de gloria en Caballito. El fútbol rioplatense, por entonces, además sabía contar historias de familia.

Autor: admin